Irena Sandler

En un mundo en el que las desgracias se ceban en el día a día de los telediarios en forma de tornados, de tormentas, de asesinatos, de accidentes, de violaciones y secuestros, a veces nos entra un soplo de aire fresco por la pequeña pantalla que nos ayuda a comprender mejor el sentido de la vida; a saber que a pesar de tanto mal, existe el bien supremo, y que hay gente capaz de dar su vida por la de los demás.
Hoy ese soplo tiene un nombre propio: Irena Sandler. Desgraciadamente ha tenido que ser su muerte a los 97 años la que ha destapado la historia de su magnífica vida. Una vida sacrificada que salvó a 2.500 niños de morir en manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Los héroes ni nacen ni se hacen, solamente actúan, desde las sombras, sin esperar nada a cambio, porque sus conciencias así se lo dictan; ella simplemente “hizo lo que tenía que hacer, nada más”, según sus palabras. Y en aquel momento de su vida supo que aquellos niños necesitaban de su ayuda… y actuó.
Corría el año 1939; eran los años en que Hitler y su Alemania parecían imparables. Como su ambición imperial. Uno tras otro, los países iban doblando su rodilla ante el poder devastador de su ejército; las blitzkrieg, o guerras relámpagos imponían el nuevo orden mientras los aliados se miraban sin decidirse a actuar. Aquel año, Alemania invadió Polonia, donde trabajaba una joven en unos comedores sociales. Fue en esos comedores donde aquella joven, que respondía al nombre de Irena Sandler, empezó a realizar sus primeras acciones que ya dejaban vislumbrar esa estrella mágica por la que están tocados los héroes. En un ambiente antisemita y cargado de odios y tensiones, Irena comenzó a darle comida y dinero a familias judías perseguidas y a inscribirlos como católicos para evitarles la detención.
Durante tres años ayudó como pudo; sin embargo, el poder de la Wermacht, auspiciado por sus victorias por toda Europa, no hacía sino aumentar la opresión sobre los judíos. 1942 fue un año trágico en la historia de Polonia. En Varsovia se construyó un guetto en el que se apartó, como apestados, a todos los judíos. Tras aquellas murallas murieron, de las maneras más indignas y terribles, cientos, miles de judíos, sin ayuda, solos, olvidados por el mundo que seguía sin despertar ante la cruel barbarie de los delirios de grandeza de Hitler.
Y es en momentos así cuando de las sombras siempre surgen héroes sin nombre capaces de entregarse por los débiles, por los necesitados. Es en momentos así cuando se demuestra que el Bien Supremo, en mayúsculas, existe, como antítesis al Mal Supremo. Y ese Bien Supremo en aquel momento era Irena Sandler.
Contaba Irena, anciana ya, en su Varsovia natal, que su padre le enseñó que las gentes son buenas o malas en función de sus actos y no de lo que tienen; por eso, le decía, “ayuda siempre que puedas al necesitado”. Luchó hasta que consiguió un pase para el guetto del departamento de Epidemiología y así comenzó su labor humanitaria entrando alimentos y medicina y dándoselo a escondidas a los hambrientos y enfermos. Ella, que no era judía, se colocaba cada día sobre su pecho la Estrella de David para poder entrar y no levantar sospechas. Sin embargo, el guetto se llenaba cada día más, y los enfermos y necesitados se multiplicaban; y, por otro lado, estaban los niños, que le rompían el corazón. Ellos eran el futuro, y decidió que era a ellos a los que intentaría ayudar de la manera más insospechada: sacándolos del guetto.
Cada día prometía a sus padres que los sacaría sano y salvo y que los llevaría a lugares donde los nazis no los descubrirían. Y así, comenzó esa difícil y peligrosa tarea. Utilizó los medios más extraños y variados: los sacó en ataúdes; los escondió entre las basuras; abrió pasadizos secretos; les dio pases de salidas falsos aduciendo que tenían enfermedades contagiosas… Y de todos los niños que iba sacando guardaba sus identidades verdaderas en frascos y latas que enterraba en el jardín de la casa de su vecino.
Pero en un espacio tan cerrado, y con el control férreo que ejercía la Gestapo no era raro que tarde o temprano la atraparan. Fueron varios meses los que estuvo encerrada por los nazis, quienes la torturaron para que diera los nombres de aquellos niños y su localización; le rompieron ambas piernas; le rompieron los pies; al maltrato físico se unía el psicológico, pero Irena Sandler, fiel a aquellas enseñanzas de su padre, se mantuvo firme y jamás dijo una palabra. Finalmente, la sentenciaron a muerte. Pero por suerte, la Resistencia finalmente intervino. No podían dejar que aquella mujer que guardaba un secreto tan preciado, que sólo ella sabía, muriera. Y así, compraron al guarda que la custodiaba.
Irena Sandler pudo escapar de su prisión y con la ayuda de la Resistencia huyó del país, no sin antes decirles a éstos la localización exacta de todos aquellos botes y latas donde se escondían los nombres de los niños salvados y donde estaban ocultos cada uno. Cuando se desenterraron, una vez acabada la Guerra y abandonado el guetto, se encontraron 2.500 latas y botes con los nombres de los 2.500 niños a los que Irena Sandler había ayudado a escapar de aquel maldito lugar.
Irena al fin pudo descansar en paz en la primavera de 2008. Pero tras de sí dejó un inmenso legado, y la más bonita y edificante historia que se pueda oír. No dudo que habrá muchísimos más héroes secretos como ella, pero ojalá con más frecuencia pudiéramos oír del ejemplo de estas personas para comprender que el mundo no es sólo envidias y males, y que en el fondo, siempre está esa chispa de Humanidad que todos deberíamos encontrar en nosotros mismos.
(De la Web: Sobre Leyendas)
12:32 | Etiquetas: Héroes y Villanos | 1 Comments
Don Blas de Lezo
Dicen que fue el mayor héroe español de todos los tiempos y también el más olvidado...ahora la Historia debe hacer memoria y desempolvar lo que el tiempo enterró...
Nació en Pasajes, en el año de 1687 y murió en Cartagena de Indias el 7 de septiembre de 1741.
Se educó en un colegio de Francia y salió de él en 1701, para embarcar en la escuadra francesa, como guardiamarina. Luis XIV había ordenado que hubiese el mayor intercambio posible, de oficiales, entre los ejércitos y las escuadras de España y Francia, así como que también fueran comunes las recompensas.
De este modo vemos al joven Lezo, a la temprana edad de 17 años, embarcado de guardiamarina en el año 1704, en la escuadra del conde de Toulouse, gran almirante de Francia, con ocasión en que cruzaba frente a Vélez-Málaga y reñía un combate contra otra anglo-holandesa. La escuadra francesa había salido de Tolón y en Málaga se habían unido algunas galeras españolas mandadas por el conde de Fuencalada, única fuerza disponible. Se componía pues la escuadra franco-española de 51 navíos de línea, 6 fragatas, 8 brulotes y 12 galeras, sumando un total de 3.577 cañones y 24.277 hombres. La escuadra anglo-holandesa al mando del almirante Rooke estaba compuesta por 53 navíos de línea, 6 fragatas, pataches y brulotes, con un total de 3.614 cañones y 22.543 hombres. Fue tan empeñada la lucha que los de uno y otro bando quedaron muy maltratados, atribuyéndose ambos la victoria. No hubo navíos rendidos ni echados a pique, pero sí muchos daños en cascos y aparejos. Tuvo la escuadra franco-española 3.048 bajas, entre ellos dos almirantes muertos y tres heridos, uno de éstos el general en jefe conde de Toulouse. Las de los anglo-holandeses fueron de 2.719 bajas, de ellos dos altos jefes muertos y cinco heridos.
Afortunadamente para los anglo-holandeses, no volvió a trabarse la batalla, pues estaban muy escasos de municiones. Distinguióse en la acción Lezo, por su intrepidez y serenidad; la tuvo en tal grado que habiéndosele llevado la pierna izquierda una bala de cañón, siguió con gran estoicismo en su puesto de combate, mereciendo el elogio del gran almirante francés. Por su comportamiento, fue ascendido a alférez de navío.
Siguió su servicio a bordo de diferentes buques, tomando parte en las operaciones que tuvieron lugar para socorrer las plazas de Peñíscola y Palermo, en el ataque al navío inglés Resolution de 70 cañones, que terminó con la quema de éste, así como en el apresamiento de dos navíos enemigos, que fueron conducidos a Pasajes y Bayona.
Ascendido a teniente de navío fue destinado a Tolón y allí combatió en el ataque que a dicha plaza y puerto dio el duque de Saboya, en 1707. Lezo se batió con su acostumbrado denuedo en la defensa del castillo de Santa Catalina perdiendo en esta ocasión el ojo izquierdo.
Con ocasión de los aprovisionamientos al ejército con que Felipe V cercaba por tierra a Barcelona, se dio a Lezo el mando de alguno de los convoyes de municiones y pertrechos de guerra que se le enviaban desde Francia. Burló la vigilancia de los barcos anglo-holandeses, que apoyaban por mar al archiduque Carlos. En cierta ocasión, cercado por todos los lados, tuvo que recurrir para pasar, al heroico medio de pegar fuego a parte de sus buques, para penetrar a través del incendio abriéndose paso, al propio tiempo a cañonazos.
A los seis años de servicio (se refiere a que entró como guardiamarina embarcado en el año 4, aunque desde el 1 fuera guardiamarina en estado de estudiante, no embarcándose hasta el referido año, de ahí el referirse sólo a seis años), y 23 de edad, fue ascendido a capitán de fragata y mandando una (cuyo nombre desconocemos), en la escuadra de Andrés del Pez, llegó a hacer once presas, la menor de 20 cañones, y una de ellas la del navío Stanhope, recibiendo nuevas heridas en éste combate.
Ascendió a capitán de navío en 1712, y al año siguiente tomó parte en las operaciones del segundo ataque a Barcelona, cercada por tierra por el duque de Berwick, teniendo varios encuentros con el enemigo, en uno de los cuales recibió otra herida que le dejó inútil del brazo derecho.
En 1714, también en la escuadra de Andrés del Pez, pasó a Génova para traer a España a la reina doña Isabel de Farnesio; pero, al resolver venir por tierra la reina, regresó la escuadra y se preparó para la expedición de recobro de Mallorca, que tuvo lugar al siguiente año de 1715, tomando parte en ella el buque de Lezo y seis navíos más, con diez fragatas, dos saetías, seis galeras y dos galeotas; todas estas fuerzas al mando del gobernador general de la Armada Pedro Gutiérrez de los Ríos, conde de Fernán Núñez. Apenas desembarcaron los diez mil hombres, que llevaba la escuadra en los transportes, los mallorquines se sometieron a Felipe V.
En 1716, mandando el navío Lanfranco, se incorporó éste a la escuadra del general Chacón, destinada a recoger la plata y a auxiliar a los galeones perdidos en el canal de Bahama. Poco después, se agregó a dicho navío una escuadra destinada a los mares del Sur, a cargo de los generales Bartolomé de Urdinzu y Juan Nicolás Martínez. Con el Lanfranco iban el Conquistador, Triunfante y la Peregrina. Tenían como objetivo la limpieza de corsarios, piratas y de buques extranjeros que, haciendo un comercio ilícito, perjudicaba grandemente a la hacienda española.
Después de siete años en este servicio, recayó, al fin en Lezo el mando de esas fuerzas navales del mar del Sur, el 16 de febrero de 1723, capturando seis navíos de guerra, por un valor, sólo de su carga, de 3.000.000 de pesos; tres de ellos se agregaron a la Armada Real. Durante este periodo realiza numerosas salidas en las que sostiene combates, limpiando las aguas de Chile y Perú, de corsarios enemigos. Permaneció en los mares del Sur hasta el año 1730, en que fue llamado a España por orden del Rey.
La corte estaba en Sevilla y allí se dirigió Lezo para informarle de todas las vicisitudes de su último mando. Obtuvo la aprobación real y, como recompensa a sus valiosos servicios, fue promovido a jefe de escuadra.
Permaneció en el departamento de Cádiz hasta el 3 de noviembre de 1731, en que embarcó en una escuadra de 18 navíos, cinco fragatas y dos avisos, al mando del marqués de Mari, destinada al Mediterráneo, para asistir al infante don Carlos en las dificultades que pudieran surgirle en su toma de posesión de los estados de Italia, a la muerte del duque de Parma, Antonio Farnesio sucedida el 20 de enero de 1731. Existen cartas firmadas por el conde de Santi-Esteban, en que por orden de S. A. Real, se expresa satisfacción que causaron los buenos servicios del general Lezo.
Habiendo surgido ciertas diferencias con la república de Génova, España estaba resentida por la conducta observada por aquel estado y no de acuerdo con sus procedimientos, el general Lezo, por orden superior, se personó en aquel puerto con seis navíos y exigió como satisfacción, que se hiciesen honores extraordinarios a la bandera real de España y que se restituyeses inmediatamente la plata que se retenía. Mostrando el reloj a los comisionados de la ciudad, que buscaban el modo de eludir la cuestión, fijó un plazo, Transcurrido el cual la escuadra rompería el fuego contra la ciudad.
Ante esta decidida actitud se hizo el saludo pedido y se transportaron a bordo los dos millones de pesos fuertes, pertenecientes a España, que tenía guardados el banco de San Jorge. De tal cantidad se envió, por orden del Rey, medio millón para el infante don Carlos y el resto fue remitido a Alicante, para sufragar los gastos de la expedición que se alistaba para la conquista de Orán.
En esta jornada arbolaba su insignia, el general Lezo, en el navío Santiago, ejerciendo las funciones de segundo jefe de la escuadra, mandada por teniente general Francisco Cornejo. Estaba compuesta de doce navíos, dos bombardas, siete galeras de España, dos galeotas de Ibiza y cuatro bergantines guardacostas de Valencia.
El 15 de junio salió la expedición de Alicante para Orán, llegando el 28 ante la plaza; la escuadra escoltaba a una expedición de tropas mandadas por el conde de Montemar, eran veintiséis mil hombres, llevados en 535 buques de transporte, se verificó el desembarco en la cala de Mazalquivir, protegido por el fuego de los buques; José Navarro, entonces capitán de navío, comandante del Castilla, mandaba las embarcaciones menores (como más antiguo capitán); se atacó a Mazalquivir y cuando lo vieron tomado los defensores de Orán, abandonaron la plaza rodeada de murallas y guardada por cinco castillos; una vez ocupada Orán y convenientemente guarnecida, Lezo regresó a Alicante escoltando 120 embarcaciones de transporte.
Terminadas las operaciones sobre la costa africana, se dirigió la escuadra a Cádiz, donde entró el 2 de septiembre de 1732.
Las potencias berberiscas alarmadas con la toma de la plaza de Orán, se coaligaron para reconquistarla, atacándola por tierra y bloqueándola por mar; con este motivo salió Lezo, con los dos navíos que en Cádiz estaban preparados, el Princesa y el Real Familia, a los que se reunieron otros cinco; levantó el bloqueo y metió en la plaza los necesarios socorros, dedicándose después a dispersar a las fuerzas navales enemigas.
Determinó aniquilar a la capitana de Argel, un buque de 60 cañones; lo encontró y empezó a batirlo, pero los argelinos huyeron con fuerza de vela, perseguidos por Lezo, refugiándose en la ensenada de Mostagán, defendida por dos castillos a la entrada y por una fuerza de cuatro mil hombres, que acudió de las montañas vecinas al darse la alarma.
Entró Lezo tras el navío, a pesar de los disparos de los castillos y de los que se le hacían de todas partes y echando al agua lanchas armadas, prendió fuego a la tan bien protegida capitana de Argel.
Esta acción de la mayor intrepidez, que no podían esperar los argelinos, les alarmó de tal modo que les hizo pedir socorro a la Sublime Puerta (Constantinopla).
El general Lezo al saberlo, tras reparar ligeramente sus buques, en Alicante, pasó a cruzar desde Galita hasta el cabo Negro y Túnez, a la espera del socorro solicitado, para batirlo.
Permaneció en el mar cincuenta días, hasta que una epidemia, ocasionada por la corrupción de los alimentos, le obligó a regresar a España, tocando antes en Cerdeña para hacer nuevos víveres, en la cantidad necesaria para poder llegar a Cádiz.
Tuvo no obstante, que entrar en Málaga donde dejó gran número de enfermos, entre ellos el guardiamarina Jorge Juan, que con tan buen maestro como era Lezo hacía sus primeras armas.
También llegó Lezo enfermo de gravedad a Cádiz.
El Rey le manifestó su aprecio y como recompensa a los distinguidos servicios prestados le promovió a teniente general el día 6 de junio de 1734.
Desempeñó la comandancia general del departamento de Cádiz; al año siguiente (1735) fue llamado a la corte y, en ella permaneció muy poco tiempo pues él mismo decía "que tan maltrecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo y que su lugar era la cubierta de un buque de guerra; pidió el consiguiente permiso al Rey y éste se lo concedió" ya de regreso en el Puerto de Santa María, el 23 de julio de 1736, fue nombrado comandante general de una flota de ocho galeones y dos registros, que escoltados por los navíos Conquistador y Fuerte habían de despacharse para Tierra Firme.
Salió con su flota el 3 de febrero de 1737, llegando a Cartagena de Indias el 11 de marzo, quedando de comandante general de aquel apostadero, tan importante para la defensa del mar de las Antillas.
En noviembre de 1739, ya declarada la guerra con el Reino Unido, tuvo noticias (otra vez los servicios de información) que en Jamaica se estaba alistando una importante expedición con fuerzas de desembarco que llegaban de Europa. Jamaica fue el punto de partida en diferentes ocasiones, de ataques a los puertos españoles: La Habana, Portobelo y el castillo del río Chagres, entonces éste navegable, y constituyendo parte de la vía de comunicación del Atlántico con la ciudad de Panamá y el mar del Sur.
La empresa en que pusieron mayor empeño los británicos fue en la de Cartagena de Indias; en febrero de 1740 tuvo el general noticias, por diferentes conductos, de las formidables fuerzas que preparaban los británicos para atacar a Cartagena; estas noticias y las de varias presas que hicieron de algunos buques españoles ricamente cargados, le forzaron a tomar precauciones extraordinarias.
Situó dos navíos en Boca Chica, paso obligado para entrar en la rada, serró la entrada con dos cadenas tendidas por fuera de los buques, para impedir la llegada hasta ellos de los brulotes con que pudieran atacarlos, y puso en estado de defensa los castillos que guardaban aquélla.
El Gobernador de la plaza había muerto el 23 de febrero. Por lo que el general Lezo tomó todas las disposiciones conducentes a la defensa.
Esta plaza como todas las de América, estaban muy abandonadas; Dos condestables de la escuadra reconocieron la artillería de la plaza y hallaron los cañones incapaces de disparar diez tiros, sin repuesto de balas y tan sólo con 3.300 libras de pólvora.
El 13 de marzo de 1740 se presentaron ante Cartagena de Indias ocho navíos enemigos con dos brulotes, dos bombardas y un paquebote; fondearon a unas dos leguas al oesnoroeste de la ciudad; después de reconocer la costa y tomar las sondas convenientes y establecer el bloqueo, se acercaron las bombardas, situándose este-oeste del convento de la Merced, empezando la ejecución de un tiro con materias incendiarias, con lo que quemaron varias casas y edificios; los cañones de la defensa no llegaban a las bombardas con sus tiros y así continuaron éstos haciendo fuego durante los días 18 y 19; Lezo mandó desembarcar un cañón de 18 que puso en tierra, ahuyentó a las bombardas, con sus certeros disparos.
Toda la escuadra británica levó y se retiró a Jamaica, quedando dos navíos bloqueando a Cartagena; hicieron los británicos una segunda tentativa, avistándose desde Cartagena trece navíos y una bombarda, que reconocieron la ensenada de Barú; Lezo formó con otros dos navíos, otra segunda línea de defensa de Boca-Chica; viendo los británicos esta vigilancia y preparativos, regresaron a Jamaica sin atacar.
El 31 de octubre había llegado de España una escuadra de diez navíos, mandada por el general Rodrigo de Torres, que facilitó algunos auxilios y permaneció en Cartagena de Indias hasta el 8 de febrero de 1741, que salió con destino a La Habana, también amenazada por los británicos.
Se personó en Cartagena el virrey del Nuevo Reino de Granada, Sebastián de Eslava, general muy acreditado por su valor y por su inteligencia.
Entre él y Lezo tomaron las medidas, de mar y tierra, conducentes a la defensa, si bien Eslava se encontraba reacio a ello, como acreditan las quejas de que Lezo expuso posteriormente para que, por el marqués de Villadarias fuesen elevadas al Rey. Acusa a Eslava entre otras cosas de poca previsión en el acopio de víveres, así como de que despreciaba los avisos del ataque, que se proyectaba, que a Lezo daban sus espías y que después la experiencia demostró tan oportunos. No obstante las diferencias de apreciaciones que pudiesen haber, obedientes ambos a las ordenes que tenían, de colaborar, en todo momento, una vez empezó el ataque, mantuvieron una buena coordinación de esfuerzos. Lezo puso su alma en la empresa e imbuyó el mayor entusiasmo a su gente, que fue la que llevó casi todo el peso en el combate. Cartagena de Indias la Gloria para la Eternidad.
Algunos años después se concedió a la familia de Lezo el marquesado de la Real Defensa, quedando perpetuada de este modo, sus hazañas en Cartagena de Indias.
Aunque después se recordaría la memoria de Lezo, este fue enterrado en una fosa común, por lo que su cuerpo no pudo ser enterrado en las condiciones que merecía.
(De la Web: Todo a Babor)
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El Cirujano Clandestino (Hamilton Naki)

Un sudafricano negro, de 78 años; murió a finales de mayo de 2005. La noticia no figuró en los diarios, pero su historia es una de las más extraordinarias del siglo XX.
Un acto de reparación
La historia de su vida es un verdadero ejemplo de superación, humildad y dignidad.
El 2 de diciembre de 1967 una joven blanca fue atropellada al cruzar una calle.
Trasladada con urgencia al Groote Schuurhospital, se le diagnosticó muerte cerebral, aunque su corazón seguía latiendo.
Esto sucedía en la ciudad de El Cabo, Sudáfrica, en pleno régimen del "apartheid".
En el mismo hospital, el corazón de un odontólogo llamado Louis Washkansky, en 1967, luchaba denodadamente por seguir latiendo, pero estaba muy debilitado y enfermo. Ya había dado todo lo que podía dar y la única posibilidad para su vida era un trasplante cardíaco que para esa época parecía imposible.
Sin embargo, para eso estaba preparándose el doctor Christian Barnard, quien tomó la decisión de realizar el primer trasplante de este tipo a un ser humano.
Los diarios de todo el mundo dedicaron largos comentarios laudatorios a la proeza médica. El cirujano-jefe del grupo se transformó en una celebridad instantáneamente. Pero nadie tuvo en cuenta ni mencionó al que verdaderamente fue el "alma mater" de semejante hazaña, a Hamilton Naki.
El mismo Barnard lo reconoció antes de su muerte:
"Tenía mayor pericia técnica de la que yo tuve nunca. Es uno de los mayores investigadores de todos los tiempos en el campo de los trasplantes, y habría llegado muy lejos si los condicionantes sociales se lo hubieran permitido".
Las condiciones sociales estaban dictadas por las injustas normas del "apartheid" y, evidentemente, por las personas que se sentían plenamente satisfechas con ellas.
Hamilton Naki nació el 26 de junio de 1926 en Ngcingane, un pequeño poblado cerca de Centani in Transkei (Sudáfrica). Concluyó su escuela primaria en esa localidad y a los 14 años se trasladó a Ciudad del Cabo en busca de trabajo.
De raza negra y de familia pobre, halló su primer trabajo a los catorce años, cortando césped y prestando servicio en las canchas de tenis de la Universidad de Ciudad del Cabo. Pasó luego a limpiar los chiqueros donde estaban los animales que servían para experimentación y práctica de cirugía.
En 1954 fue ascendido para ayudar en el cuidado de los animales de laboratorio.
Muy pronto progresó, después de que un profesor le pidió que ayudara a anestesiar a los animales usados en el entrenamiento de estudiantes en cirugía.
A pesar de que Robert Gotees, de la Facultad de Medicina, lo destinó, además, a cuidar animales de laboratorio y de que pronto se involucró en anestesias, cirugías y cuidados posquirúrgicos de animales, no pudo estudiar Medicina y fue excluido de los anfiteatros de cirugía durante el apartheid (destinados exclusivamente a los blancos).
Hizo toda la clínica quirúrgica de la escuela, donde los médicos blancos practicaban las técnicas de trasplantes en perros y cerdos, y luego pasó a tomar parte en operaciones quirúrgicas en los animales del laboratorio, donde tuvo la oportunidad de anestesiar, operar y, finalmente, trasplantar órganos a animales como perros, conejos y pollos.
De manera encubierta, Hamilton Naki se había convertido en un experimentado cirujano. Y aunque usaba chaquetilla, barbijo y gorro, jamás estudió medicina o cirugía.
Sin embargo, poco a poco, sus capacidades le fueron granjeando puestos de responsabilidad.
Aprendió cirugía presenciando experimentos con animales. Se transformó en un cirujano excepcional, a tal punto que Barnard lo requirió para su equipo. ¡Era un quiebro para las leyes sudafricanas! El "negro Naki" no podía operar pacientes ni tocar sangre de los blancos. Solamente podía trabajar con animales. Y en negros –¡claro!– que, por otro lado, no eran atendidos en el Groote Schuurhospital.
Pero el hospital hizo una excepción para él. Se transformó en un cirujano... clandestino.
Era el mejor, daba clases a los estudiantes blancos, pero ganaba salario de técnico de laboratorio, el máximo que el hospital podía pagar a un negro.
Era conocido especialmente por enseñar a los estudiantes de medicina a realizar complicados trasplantes de hígado en cerdos, un procedimiento que se dice es más complicado que los trasplantes de corazón en los humanos.
Los médicos que observaban el trabajo de Naki quedaban admirados ante su destreza para suturar diminutos vasos sanguíneos con sorprendente delicadeza y precisión con sus dedos gruesos y rudos.
Otra cosa que hacía con gran paciencia era completar en silencio operaciones que los estudiantes de medicina –blancos– comenzaban y abandonaban ante el primer obstáculo.
Para realizar el trasplante programado se necesitaban dos equipos: uno que extrajera el corazón y el otro que realizara el trasplante. Barnard le pidió a Naki que dirigiera el primer equipo y luego lo ayudara en la sutura de los pequeños vasos, en lo que Naki era todo un experto.
Vivía en una barraca sin luz eléctrica ni agua corriente, en un gueto de la periferia.
Su participación violaba las leyes de segregación racial del país, que señalaban que los negros no deberían recibir entrenamiento médico, ni deberían trabajar en ambientes sólo para blancos, ni tener contacto con pacientes blancos.
En una épica intervención de 48 horas, los dos equipos lograron extraer el corazón de la joven e implantarlo en el cuerpo de Washkansky.
Los asistentes recuerdan la delicadeza con la que Naki limpió el órgano de todo rastro de sangre antes de que Barnard volviese a hacerlo latir en el pecho del hombre.
Un detalle realmente vergonzoso: todo el equipo quirúrgico se fotografió. Pero Hamilton Naki no podía salir en las fotografías por su "calidad" de negro. Cuando apareció en una, por descuido, el hospital informó que era un empleado del servicio de limpieza.
Años después, cuando desapareció el sistema de segregación racial en 1994, se revelaron –tardíamente, como suele suceder–, las contribuciones de Naki.
El cine lo bautizó como "El cirujano clandestino".
Terminado el "Apartheid", recibió en 2002 el título honorario de "Magister Scientarum" en Cirugía de la Universidad de Ciudad del Cabo y en 2003, de manos del presidente Thabo Mbeki, la Orden Nacional de Mapungubwe en bronce, uno de los más prestigiosos premios sudafricanos.
En 2005, poco antes su muerte y cuando Mbeki hizo su discurso presidencial ante el parlamento sudafricano, Naki era uno de los guardias de honor.
Cuando se jubiló en 1991, sólo había llegado a ser asistente de laboratorio. Pero tuvo que contentarse con su pequeña pensión de jardinero, en vista de que su trabajo especializado nunca había sido revelado.
Asimismo, dijo en una entrevista que “en esos días uno tenía que aceptar lo que ellos decían porque no había otra vía, porque era la ley que reinaba”.
Durante su jubilación, adaptó un autobús como clínica ambulante para el área de su hogar y patrocinó una escuela en Eastern Cape con donaciones recibidas de médicos que él había entrenado.
Daba clases a los estudiantes blancos, pero ganaba salario de técnico de laboratorio, el máximo que el hospital podía pagar a un negro.
Hamilton Naki enseñó cirugía durante 40 años y se retiró con una pensión de jardinero, de 275 dólares al mes.
Nunca reclamó por las injusticias que sufrió durante toda su vida.
Pese a su clandestinidad y discriminación, jamás dejó de dar lo mejor de sí... Su pasión por ayudar a vivir...
Murió de un ataque cardíaco el 29 de mayo de 2005 a los 78 años.
La muerte de Hamilton Naki, condenado durante casi cuatro décadas al anonimato por su condición de negro, nos recuerda uno de los episodios más vergonzosos de la clase humana.
Fueron capaces de apropiarse de sus conocimientos tildándolos como propios.
El mismo Barnard sólo reconoció su valía al final de su vida, porque seguramente las leyes de su país, no le permitieron decir la verdad cuando debía decirla; o quizás, no le convenía demasiado.
Por eso, este pequeño homenaje a uno de los médicos más valiosos de todos lo tiempos: valioso por sus conocimientos.
Valioso por sus enseñanzas que nunca fueron reconocidas.
Valioso por su humildad y entrega.
Valioso por su calidad de "vir bonus medendi peritus".
(De la red)
1:39 | Etiquetas: Héroes y Villanos | 2 Comments
El Ángel de Budapest (Ángel Sanz Briz)
Fue embajador en Budapest durante la Segunda Guerra Mundial y sus acciones salvaron la vida de 5.200 judíos. Nadie le ha dedicado nunca una película y su historia es muy poco conocida en España, pero en Hungría acaban de rendirle homenaje colocando un placa conmemorativa en la fachada de la embajada que recuerda a Angel Sanz Briz, también conocido como “Angel de Budapest” o el “Schindler español”.
Al acto tenían previsto asistir dos de los judíos húngaros que salvó: Jaime Vándor, hoy profesor de Historia del Judaísmo de la Universidad de Barcelona e István Harsanyi, profesor de la Universidad de Hungría. Vándor incluso ha pedido que le dediquen una calle en España a Sanz Briz, para que sus acciones sean más conocidas.
En 1944 mientras estaba al frente de la embajada, Angel Sanz Briz decidió no mirar para otro lado y proteger y ayudar a los judíos condenados a muerte. Lo hizo recurriendo a todo tipo de estratagemas: expidió pasaportes y salvoconductos, defendió ante las autoridades nazis los nexos de unión que existían entre España y los judíos sefarditas, haciéndoles creer que la mayoría de los allí residentes eran de este origen, cobijó a los perseguidos en casas que él mismo alquilaba a las que concedía la inmunidad diplomática de la embajada de España y les buscó la forma de escapar de Hungría por diferentes vías.
Todo esto arriesgando su vida y a espaldas del gobierno franquista que nunca contestó a la solicitud que cursó para dar protección y ayudar a los perseguidos. Pero él consiguió visados para 5.200 judíos… cuando solo 200 tenían ascendencia española. Además colaboró con la red de ayuda a judíos que creó en Budapest el sueco Raoul Wallenberg y que se calcula que pudo salvar a más de 100.000 personas.
Murió en Roma en 1980, pero los reconocimientos aún tardaron en llegar. En 1991, Israel le otorgó el título de Justo entre las Naciones, plantando un arbol e inscribiendo su nombre en el memorial del Holocausto. En 1994 el gobierno húngaro le concedió a título póstumo la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara.
En España, ha recibido sin embargo pocos reconocimientos. En 1998, Correos le dedicó un sello y en Madrid, colocaron una placa de homenaje en la calle Velazquez en donde vivió. Además existe un libro de Diego Carcedo que cuenta su historia.
Una película de Alberto Negrin sobre Giorgio “Jorge” Perlasca, un diplomático italiano que se convirtió en español, amigo de Sanz Briz que cuando éste fue obligado a regresar a España se hizo pasar por el nuevo embajador para continuar su labor de ayuda a judíos, contiene algunas escenas con el Schindler español.
4:26 | Etiquetas: Héroes y Villanos | 1 Comments
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Los Ojos del Pelícano
Pensando en las musarañas también...
Ideas lanzadas al viento
La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia.(Sócrates)
Las grandes almas tienen voluntades, las débiles tan solo deseos.(Proverbio Chino)
"La Experiencia Enseña Lentamente y a Base de Errores“(James A. Froude)
"Más traiciones se cometen por debilidad que por el firme propósito de traicionar a alguien" (Anónimo)
La vida no se mide por los descansos que tomamos, sino por los momentos que te roban el aliento.
“Quien ve hacia afuera, sueña; quien ve hacia adentro, despierta.”(Carl Young)
“¿Quieres ser feliz por un instante? ¡Véngate!
¿Quieres ser feliz para siempre? ¡PERDONA!”(Tertuliano)
Quién no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación.(Proverbio Arabe)
“Al decir algo, cuida de que tus palabras no sean peores que tu silencio.”(Anónimo)
"Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga."(Victor Hugo)
"No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles"(Séneca)
“Nuestras dudas son traidoras y nos hacen perder lo que, com frecuencia, podríamos ganar, por el simple miedo de arriesgar.” (William Shakespeare)
"La Memoria es la cartera de la vejez.Es necesario llenarla".(Apolonio)
"Quédate" es una Hermosa Palabra en el vocabulario de un Amigo.(Alcmeon)
"Cuando señales a alguien, recuerda que, tres de tus dedos, te señalan a tí." (Desconozco su autor).
"Si te caes siete veces, levántate ocho." (Proverbio chino).
"Las grandes almas tienen voluntades, las débiles tan sólo deseos". (Proverbio chino).
"Al perro que tiene dinero se le llama Señor Perro". (Proverbio árabe).
"Una vez terminado el juego de ajedrez, el rey y el peón vuelven a la misma caja". (Proverbio italiano).
"Antes de iniciar la labor del mundo, da tres vueltas por tu propia casa." (Proverbio chino).
"Quien no sabe bailar, dice que la música es mala". (proverbio africano).